ahí va el condenado
cargando la hermosura
bolsas y bolsas repletas de belleza
observase endereza
los pétalos ya casi secos
y los cose con finísimos hilos de sol
corre hacia los frutos, los brotes, las
ramas
y les emploma alegría, perfumes,
dulzor
se fatiga
no descansa
prosigue
me visita
irrumpe sin permiso puliendo los rincones
enhebrando ganas
con delicados tientos de agua cincelada
agobiante le resulta la tarea
aunque no se detiene
le crece la hermosura de los hombros
y no aguanta
la tiene que dejar en algún lado
por eso la reparte
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