Cuarentena y ocho años tras cuchillos
tras heridas que no se sacian con flores
tras hipótesis clavadas en el pecho
y un ensordecedor ruido
sangrando en los oídos
Los besos no dados, los latidos
tanto dolor colgando de los sentidos
sabores confiscados sin olvido
entre gargantas quebrándose en el cielo
de aquel veintisiete del seis
donde de algún modo todos morimos
todos nos declaramos desaparecidos
en donde todos seremos “Nadie”
hasta que nos volvamos a reconocer
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