la obviedad del cielo
y caes de cuajo
en cada alcantarilla
rogando absolución por tu
soberbia
aunque mueras – como siempre
–
en el acero de un capullo
en la suavidad del filo
de un cuchillo
Huele a Buenos Aires tu piel de estrella tu mirada porteña lo tano de tu voz Esos labios besando el cielo trepando muros soñado con delir...
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