cuando el mundo se reduce a un libro
a ese que sabes sus ojos leyeron y releyeron
ese que se posiciona alto
en el ranking de su esencia
del que apenas te importa
la tipografía utilizada
el gramaje del papel,
el tipo de encuadernación, incluso
del que prácticamente no te interesa
el contenido, salvo
porque a ella le ha llegado
y respiras hondo, lo tomas entre tus manos
lo hueles como el altar que es
abriendólo lentamente
y el acto se hace misa
acaricias el marcador, y observas
absorbes el camino que sus ojos recorrieron
te detienes en la intriga, en la caricia
en ese “punto y coma” que jurarías
a ella le ha impactado
y la ves a años de distancia
en otras versiones de ella misma
leyendo con ansias ciertas páginas, hallando algún recodo
lo lees despacio,
buscando saborear cada palabra
rogando casi, no acabe tan pronto
que la historia no te atrape demasiado
tanto como para olvidarte
por un solo instante de sus pasos
y son sus ojos
esos mismos que supieron
interpretarte el alma
salvarte de ventiscas engañosas
serte lluvia en el momento exacto
ojos, de fuerza fulminante
de esperanza espesa algunos días
y a veces hecha polvo
esos precisos ojos, de los que te enamoraste
y de los que solo te queda
mendigar su rastro
encontrar sus rastrojos
en esta edición de bolsillo
de esa famosa novela de Laura Esquivel
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