y el dolor
de ver intentar volar ya sin alas a la alegría
de estar en medias y deportivo
mirando televisión
la mujer elegida, con la dulzura empastada,
pero ahí, casi enmohecida
los chiquilines sacándote canas verdes
y el sur, el viejo y querido sur,
cada vez más nórdico
la testosterona y la poesía heridas de horas
mentidas de mañanas,
falseadas de aguaceros
con la única certeza del aroma a margaritas
que regala una hermosa modelo
en ropa interior
(margaritas:
que bien sabido es, no tienen olor)
y un brutal adiós, salpicando
los barrotes de otra ilusión oxidada
deshojando la belleza de lo estándar
la simpleza de lo común
la fantástica luz
que solo poseen algunos ojos
y tu sabor
que se ha vuelto
lo más parecido a una acaricia
en medio de este mar
sin humedad analcohólica e inanición
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