El humo del cigarrillo seducía al aire
provocándole sus curvas más pronunciadas
El silencio olía a lluvia y a manos
de dedos apenas entrecruzados
Las persianas - bajas - huían de los rojos
con relativo éxito
Y yo, sentado en el cordón de la vereda de tu alma
esperaba ansioso que me pasases a buscar
Rumiaban las mentiras demasiado cerca de verdades absolutas
obstaculizando el cielo con sus bustos excesivamente voluminosos
mientras un tipo cualquiera que pasaba por la calle
silbaba baldosas sin mucho virtuosismo
Yació la sentencia detrás de aquella puerta
(de una especie de color marrón)
Se sembró lo malo entre la mendicidad de los ojos
Escupieron estrellas los que estornudaban sin escrúpulos
Y todo volvió al mismo lugar:
tres vinténes, dos historias
una masa de hojaldre barata
con jamón y queso de oferta
listo para hornear
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