Cuando los senos de mi desierto
susurraron en mi cara sus excusas de fuego
ardieron mis ojos ante su majestad
allí donde todo se calcina menos el tiempoPedí se me diera un corcel negro
y el producto de sus alas
una plegaria que encontré
en el fondo de un ataúd, donde latía mi alma
donde nada tenía nombre
y hace rato había perdido el control
de las pocas cosas
que fui capaz de conquistar
Susurraron mis minutos sin posibilidad
tanto como yo en ésta rueda inútil e inmóvil
La noria de mis pies
celebrando otra vuelta
mientras sufría
las mentiras que yo mismo proferí
envuelto en un capullo ceniciento
sediento
que jamás fui capaz de concebir
más allá de este desierto
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