Te bebo dulce
en el vértice de la noche
y aunque la pasarela esté apagada
el deseo enciende los dedos (del alma)
como luciernagas
Y me pesa en las rodillas
la relatividad espacio-tiempo
y ese latido disfónico que me invade
el pecho a veces
entreverándome con la muerte
Doy click y estoy, aunque no pase nada
y aunque me siga doliendo
y pierda el ritmo
sintiendo al corazón ahogarse
mordiendo el costado de mis días
(mientras se van durmiendo)
¡Y qué me importa!
si una vez, en una flor, fui feliz
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