jueves, 10 de septiembre de 2020

UNA VEZ, EN UNA FLOR

 Te bebo dulce

en el vértice de la noche

y aunque la pasarela esté apagada

el deseo enciende los dedos (del alma) 

como luciernagas


Y me pesa en las rodillas

la relatividad espacio-tiempo 

y ese latido disfónico              que me invade

el pecho a veces 

entreverándome con la muerte 


Doy click y estoy, aunque no pase nada 

y aunque me siga doliendo 

y pierda el ritmo 

sintiendo al corazón ahogarse 

mordiendo el costado de mis días 

(mientras se van durmiendo) 


¡Y qué me importa! 

si una vez, en una flor, fui feliz




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