miércoles, 8 de mayo de 2019

700 MÁS, 700 MENOS

Lloró el mundo aquella noche 
(como suele hacerlo cada día)
Y en todo el amor que le cabe a un Dios 

- estoy  seguro – que hubiese preferido 
no haber inventado océanos, ni mayos, 
ni obuses, con tal de no ver esto

Fue hasta después de la marea 

                    que pudieron saber en su tierra 
que no habría regreso,
que ya no besarían de nuevo a sus madres,
que el tiempo se les había vuelto un monolito

Sus pies ni siquiera llegaron a acercarse,
sus almas no encontraron 

                ni un pedacito de ese otro cielo,
su ruego murió sin refugio

Hoy sólo insumieron 50 segundos del noticiero,
hoy, otra vez, fueron tildados de oportunistas, polizones, invasores, 
inapropiado exceso de "distintos"

Y entre tantos adjetivos, 

a pocos les importaron 
sus huesos con hambre,
sus únicos zapatos, sus inicios

¿para qué preocuparse? 
si son apenas rótulos, enunciados, molestias:
"Otra terrible consecuencia del sistema", 

"un daño colateral",
 "un otro ejemplo 
  de las tantas periferias que existen en el orbe"

Nada comparado a la suba del dólar,

al embotellamiento de ayer en los accesos,
o un fin de semana sin sol

Unos 700 “negros” más 

o unos 700  “negros” menos, ¿qué más da?
¿Quién los mandó nacer en África,
pudiendo haber nacido en Nueva York?
Y es increíble           y hasta tenebroso
darse cuenta 
de cuántos marcianos habitamos este planeta
¡Cuán topos nos hemos vuelto 
en el regocijo de nuestras cuevas!
¡Cuán ajenos nos volvemos 
con un par de billetes en el bolsillo!

Y es triste ver llorar al mundo cada noche,
tan triste… que también dan ganas de llorar



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